TODO ESCRITOR NECESITA UN EDITOR

Baruc es el editor que la Biblia menciona. Su tarea era comunicar por escrito lo que Jeremías le hablaba. Y es que el lenguaje escrito es muy distinto al lenguaje hablado. El lenguaje hablado incluye sonidos, gestos, expresiones etc. En cambio, el lenguaje escrito tiene que expresar con palabras los sentimientos que existen detrás; implica mucho detalle, precisión y un conocimiento suficiente de los laberintos de codificación del lector, a fin de que éste pueda comprender perfectamente lo que tratamos de expresar.

El lenguaje hablado es muy importante, sin embargo, tan importante es el lenguaje escrito que su aparición marca la historia de la humanidad,  y es a partir de la invención de la escritura que se inicia la historia.

Antes de la historia fue la prehistoria y de ella tan solo conocemos pinturas, efigies, esculturas, tan sólo vestigios y evidencias de culturas antiguas y primitivas. Ello nos despierta la creatividad, pero poco ayuda a la ciencia.

No fue sino hasta el que encontramos la escritura que podemos realmente saber del ser humano en detalle, aunque la Biblia nos menciona algunos datos de los primeros habitantes del mundo.

Los antropólogos sitúan un epitafio inscrito en el sarcófago del rey Ahiram (alrededor del año 1200 a. C) como la escritura más antigua que se conoce, y ésta se escribió usando el alfabeto fenicio.

Sin un legado escrito no podemos saber nada de nuestros antepasados. Por otro lado, podremos conocer cualquier cosa de una persona –aunque esta haya vivido hace miles de años– si existen escritos que nos hablen de ella; y aún más, podemos conocer su pensamiento a profundidad si ella misma dejó escrito un libro. 

Sin Baruc, las palabras de Jeremías quedarían tan solo en la memoria borrosa de los que las escucharon, para luego perderse para siempre. Sabido es que la memoria crea fantasías, agrega, resta y distorsiona la verdad de lo dicho o hecho, pero la tinta y el papel le deja intacta para siempre. Es por ello que Dios le dice a Jeremías,  “Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado” (Jer. 30:2). Jeremías entonces, a fin de obedecer a Dios, se auxilió de Baruc, su editor.

Todos los escritores necesitamos un editor. Aún los ganadores del Premio Novel de Literatura tienen el suyo. El editor es quien transforma nuestras ideas, quizá habladas, quizá escritas, en un idioma inteligible para los lectores. Él o ella es quien conoce la ciencia del lenguaje escrito mejor que nosotros y quien dará a nuestras ideas una brillantez que sea vista desde lejos.

Muchas ideas maravillosas no han tenido el impacto que merecen por estar desordenadamente presentadas o porque simplemente no están expresadas como es debido, en otras palabras, por carecer de un buen editor. Muchas casas editoriales rechazan diariamente miles de libros escritos con mucho amor, extenso conocimiento, excelente buen humor, y gran creatividad, pero que no tuvieron la ayuda de un editor, y esto es realmente lamentable. Gracias a Dios que existen los Baruc del siglo XXI.

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